"El placer es esencialmente lo que se escapa; del mismo modo, ella le descubre la soledad, él no sabe si ese nuevo cuerpo que alcanza sin poder alcanzarlo lo hace menos solitario o, por el contrario, lo hace convertirse en solitario"
Blanchot, Maurice. La comunidad negativa. Arena Libros. Madrid. 2002. p.89.
"La base de la comunicación no es necesariamente el habla, ni siquiera el silencio que es el fondo y su puntuación, sino la exposición a la muerte, no ya de mí mismo, sino del prójimo cuya presencia viviente y más cercana es ya la eterna y la insoportable ausencia, aquella que el trabajo de ningún luto consigue aligerar. Esta ausencia del prójimo debe ser encontrada en la vida misma; con ella es como la amistad se pone en juego y a cada instante se pierde, relación sin relación o sin otra relación que lo inconmesurable (...) Así es, así sería la amistad que descubre al desconocido que nosotros mismos somos, y el encuentro de nuestra propia soledad que precisamente no podemos ser los únicos en experimentar"
Blanchot, Maurice. La comunidad inconfesable. Arena Libros. Madrid. 2002.p.48
Trepa por mi cuerpo y dame de comer, dime que estoy muerto, que no nos pueden ver. haz un ruido en mi alma, déjate vencer, ahora hay nieve en tus manos y en tu voz ya no hay dolor.
«Contra ti, pensamiento inmóvil, acaba de tomar forma, brillar y desaparecer todo lo que de todos se refleja en nosotros. De ese modo tenemos el mundo más grande posible, de ese modo, en cada uno de nosotros, todos se reflejan a través de un espejeo infinito que nos proyecta en una intimidad radiante desde donde cada uno regresa a sí mismo, iluminado por ser sólo el reflejo de todos. Y el pensamiento de que no somos, cada uno, sino el reflejo del universal reflejo, esta respuesta a nuestra ligereza nos embriaga con aquella ligereza, nos vuelve cada vez más ligeros, más ligeros que nosotros, en el infinito de la esfera reflectante que, de la superficie al destello único, es el eterno vaivén de nosotros mismos»
Blanchot, Maurice. El último hombre. Arena Libros. Madrid. 2001. pp. 82-83.
No fim dos anos 60, Jean-Luc Godard se uniu a um grupo de intelectuais de esquerda em torno das idéias de Mao Tse-Tung para realizar filmes experimentais militantes. Este Grupo se autodenominava “Grupo Dziga Vertov” em homenagem ao ilustre cineasta russo e teve participação ativa de Godard e de Jean-Pierre Gorin, na época editor do jornal Le Monde. Com o filme British Sounds de 1969, o Grupo Dziga Vertov retrospectivamente se autodenomina. São ao todo 9 filmes que questionam o cinema e suas relações com o espectador através do som, da forma, do gênero para pensar a política e a chamada “verdade” do cinema.